Imagogima

Un lugar donde posar tus ojos y tus dedos, dejando lo que traigan consigo, y llevándose el resto.

10 agosto 2010

LA IMAGINACIÓN

¿Cúando y cómo aprendí la palabra árbol? Ni siquiera recuerdo cuando aprendí a escribirla. Si al menos tuviera el recuerdo de mis manos apretando el cuaderno de caligrafía, imitando el ejemplo que tuviera al lado. Pero... ¿qué importancia tiene el que pudiera recordar eso?

Los recuerdos son ya parte del lenguaje, parte de eso a lo que me quiero referir, a la imaginación.

Algo un tanto distinto a los recuerdos son las huellas en nuestra memoria, o mejor, simplemente las huellas que nuestras percepciones dejan en algún lugar de nuestro ser, de una manera muy particular.

Esas hulleas y la manera particular de fijarse son la base de la imaginación.

Con la imaginación se contruyen recuerdos, crónicas, relatos... se enuncian pensamientos... la imaginación es como el universo interior, que al igual que el exterior se expande. Quien sabe si quizá no sea el mismo universo.

El agua estaba límpia y cristalina y través de ella se podía ver el fondo del rio. El sol era intenso y las chicharras parecían el sonido de la ebullición de todo el universo. La superficie era como una piel llena de promesas de placer, como una puerta a otra dimensión más plástica y sensual. Sofía se lanzó al agua y él lo hizo enseguida. La superfice se cortó y los tragó a los dos así como unos lábios sorben una guinda. Salieron como corchos y él se puso a perseguirla. Ella reía y su risa parecía gotas salpicando su rostro. Salpicaban juntos y el sol les hacía cosquillas a ambos. Nadaron de acá para allá y finalmente quedaron abrazados con sus pies tocando las suaves piedras del fondo. Se besaron y ambos creyeron convertirse en agua, más aún de la que ya eran. Y si en el agua de sus cuerpos bibraba un algo indefinible y excitante, algo así como la llave maestra de la vida, ¿acaso esa bibración no podría extenderse al agua que se contenía más allá del recipiente que eran sus cuerpos y su piel?