Imagogima

Un lugar donde posar tus ojos y tus dedos, dejando lo que traigan consigo, y llevándose el resto.

27 octubre 2006

MOVIMIENTO

Tal vez el movimiento sea sólo una ilusión, como el tiempo y el espacio, algo relativo y por lo tanto de alguna manera inexistente, al menos para aquella concepción de la existencia que necesita otorgar un carácter común a todas las cosas diciendo de ellas que existen Pero... ¿qué significa existir? Podemos decir de las cosas que existen que están, que las percibimos de una u otra manera, que tienen presencia, que ocupan un tiempo o un espacio en nosotros, que nos afectan de alguna manera, que están en contacto con nosotros. En cualquier caso, con estos temas se hace enseguida patente la necesidad de recurrir a la experiencia individual, psicológica o espiritual del individuo.

Dos experiencias fundamentales construyen la conciencia del ser humano: El tiempo y la eternidad. La percepción (el darse cuenta de) de ambas depende de sí mismas, es decir, que para experimentar la eternidad hay que experimentar el tiempo y bicebersa. De todas formas podríamos asumir que el hecho de la percepción (el darse cuenta de) sucede al márgen del tiempo y que, aquello de lo que nos damos cuenta es precisamente del tiempo. Por el hecho de ser seres humanos y de existir (antes incluso de darnos cuenta de ello) tenemos la capacidad de "darnos cuenta de" (que viene a ser la capacidad de distinguir, separar, escrutar las cosas... diferenciarlas) También, evidentemente tenemos la capacidad de "darnos cuenta de" que nos damos cuenta (es decir, de que somos seres que, esencialmente nos damos cuenta de las cosas) De este lado se da la experiencia de la eternidad y de otras relacionadas con ella que expondermos a continuación.

La experiencia del tiempo surge de la experiencia del movimiento (el darse cuenta de que algo estaba en un sitio y luego en otro) Evidentemente con ella surge la experiencia del espacio. De este conjunto de experiencias brutas de la percepción, que se dirigen más directamente hacia el mundo sensible a través de los sentidos (el "darse cuenta del" mundo) surge la llamada objetividad. Nadie duda del espacio ni del movimiento, al menos no tanto como para dejar de percibirlo de algún modo. Se piense lo que se piense del espacio y del tiempo nuestra percepción asume algún modo de existencia tanto del espacio como del tiempo. Es precisamente en la concepción teórica del modo en que percibimos estas categorías (tiempo y espacio) donde surge su capacicidad (que siempre ha tenido, claro está) de subversión, es decir, de considerarlos de otros modos al márgen del aceptado. Y aquí es donde surge la experiencia de la eternidad.

Dicha experiencia, como tal, es anterior a la experiencia del tiempo, ahora bien, en tanto que "darse cuenta de" la eternidad, para ello es necesario haber pasado por la experiencia del tiempo previamente. Dicho de otro modo, lo que Einstein había descubierto en los años 30 (su teoría de la relatividad) en realidad es una capacidad humana que estuvo siempre en el ser humano, incluso antes de las formas de institucionalización (objetivización) del tiempo y del espacio.

La eternidad se ha asociado muchas veces con la divinidad y con carácteres religiosos y trascendentales del ser humano. Mientras que el tiempo, el espacio y el movimiento se ha relacionado con los saberes ciéntificos. Los dos tipos de experiencias construyen lo que conocemos como experiencias objetivas y subjetivas o en el terreno más psicológico el yo y el otro.

El yo se identifica con la eternidad y el otro con la percepción del espacio y el tiempo. Ahora bien, ya hemos dicho que "para darse cuenta de" la eternidad (aunque no para experimetarla directamente) era necesario primero "darse cuenta del" tiempo y el espacio (a través del movimiento) Es decir, para darme cuenta del yo, necesito primero percibir lo otro sino no soy consciente del yo (darme cuenta del yo) De aquí surge el eterno debate entre subjetividad y objetividad, yo y otro y por ende la descripción de la realidad.

Podríamos decir sintetizando que el yo es lo otro y que lo otro es el yo. Ahora bien, esto sólo sería válido a partir de las propias experiencias individuales y en una situación de percepción muy bruta y directa. Si atendemos a la institucionalización del tiempo y el espacio, es decir, la aceptación de un modo determinado de percibir que viene descrito por una concepción ya existente, en ese caso, dado que no es nuestra propia experiencia, sino la experiencia mediada de un observador, o de unos observadores interesados... entonces... ¿cómo podría decir que mi yo es lo otro, que mi eternidad es el tiempo y el espacio que percibo?

En nuestra experiencia íntima, más directa y bruta, más desnuda, más primigenia en donde nos enfrentamos con las diversas experiencias del tiempo y el espacio, tanto propias como ajenas..., en ese punto si podemos percibir la conciencia de la eternidad (de nuevo experiencia propia, no institucionalizada... como por ejemplo a través de la religión que se ocupa de nuestras experiencias de eternidad) y la conciencia del tiempo como una misma cosa, es decir, no distinguir entre yo y otro, sino ser una misma cosa.

Pero lo más importante de todo esto es que se evidencia la necesidad de una dualidad que se vuelve unidad pero que sigue percibiéndose como dualidad. La eternidad surge en el movimiento y el movimiento en la eternidad. La vida fluye en el tiempo y a la vez está fuera de él. Siempre hay movimiento, de un espacio al otro, de una percepción a la otra.

Los estados de ánimo, las fluctuaciones en nuestra voluntad, las etapas en la consecución de un proyecto, la evolución de un diálogo e incluso de un monólogo (ya que en el fondo se puede considerar como un diálogo consigo mismo) Las diferentes facetas y funciones que somos capaces de llevar a cabo. Las diferentes cosas que aprendemos, el acto mismo de la comunicación... todas estas circunstancias muestran la necesidad de movimiento de una consideración a otra, de un tiempo a otro, de un espacio a otro, de un estado a otro, de una idea a otra... Podemos pensar que es el yo múltiple o todo un conjunto de otros que suman un yo, o un yo que se transforma.

¿Qué es la unidad inmutable de algo?

¿Qué es la eternidad?

¿Qué es el movimiento... hacia donde va?

Es un tópico ver en la naturaleza el hecho de que la generación y la creación necesita de la unión de dos aportes biológicos, como si la necesidad de hibridar, mezclar, relacionar... etc fuera la fuente misma de la vida, la alquimia necesaria para la creación, como si toda la bio-logía estuviera construida sobre la base de la mezcla, del contacto entre sustancias diferentes pero con la posibilidad de acoplarse (es decir, con algo similar entre ellas, que les hace capaces de algún modo de comunicación y relación)